Viaje a Palermo, Islas Eolias y Cefalú #2 LIPARI

Lipari es un sitio extraordinariamente normal, un paraíso por descubrir, una excepción turística con regusto a pasado del bueno. Un lugar donde, si te dejas, el tiempo reajusta su ritmo y empiezas a oler más, a escuchar más, a ver más…

Desde que mis padres dejaron de ir a Montanejos, partiéndonos el corazón a los hijos, me he sentido huérfana de pueblo. Nostálgica, cada pascua y cada verano recordaba aquellos maravillosos años de marcas de sol en los pies por las cangrejeras, labios morados por las horas de baño, pan con chocolate para merendar, frigopies y frigodedos… casas en penumbra a la hora de la siesta viendo «El coche fantástico», «El equipo A» o «Verano Azul».

Me he lamentado cien veces por no ofrecer algo parecido a mi hijo, como si no supiera de sobra que él tendrá sus propios recuerdos que para él serán tan nostálgicos y especiales como los míos.

Otros años hemos pasado unas (cortísimas aunque) estupendas vacaciones de verano en las playas de Xeraco, de Oliva, de Denia o Altea. Tenemos muchísima suerte de vivir a tiro de piedra de muchos paraísos, pero ya durante la preparación del viaje de este año, intuía que podría ser muy especial. Aquí está el artículo previo con la planificación que hice del viaje (clica encima):

Viaje a Palermo, Lipari (Islas Eolias) y Cefalú #1

…Sorprendentemente Lipari no parecía nada caro. Un destino turístico poco masificado, un lugar donde principalmente van italianos con un aspecto como imagino que sería Denia, Gandía o Benidorm en los años 50…

… Y un viernes 6 de Julio llegamos a Lipari…

(Soy nuevo en el blog… ¿dónde coño está Lipari? —> Aquí)

Llegamos en el ferry desde Milazzo y Luigi nos estaba esperando «sotto l’ulivo» (debajo del único olivo que hay en el puerto) con un Panda y su perra Diana. Luigi recoge a todos los turistas que se alojan en su casa porque le sabe mal lo caros que son los taxis en la isla. Cuando digo un Panda me refiero a un Fiat Panda de los primeros, de aquellos blancos de los años ochenta. Así que cogimos maletas, niño, perra, Panda con las ventanillas abiertas y para arriba… Aquello ya empezaba a pintar muy bien.

Carretera estrecha de las que solo cabe un coche, subida empinada entre vegetación salvaje, casitas con huertos, olivos, frutales, gente en motorinos en bañador, con las toallas al hombro y sin casco… y más subida… y más paisaje… y el Panda en primera todo el último tramo mientras Luigi nos iba explicando los primeros datos de la isla y nos iba desvelando los caminos y caminales para bajar y subir de nuestro alojamiento Al Numero Zero

Al número zero - Lipari - Islas Eolias - Italia

Al Numero Zero se llama así porque es la casa más alta de esa zona de la isla donde se encuentra «la capital» Lipari. Esta maravilla de agroturismo donde Luigi tiene animales tan acostumbrados a los viajeros que nada más llegar se te duermen encima, te siguen al salir o al entrar y te hacen sentir como si todo aquello fuera también un poquito tuyo. Una hacienda que tiene la mezcla perfecta entre AirBnB al alcance de la gente normal, turismo rural del lujo y casa de campo de un colega al que vas a visitar cada año.

Por allí pasa gente de todos los países imaginables, viajeros que solo están un día (es algo que nunca entenderé) porque van de gincana por las islas o por toda Italia haciendo puntos para contar a su vuelta que más es más y que a ellos, a cantidad, no les gana nadie…; pasan «ecofriendlys» felices haciéndose fotos paseando a «Lucio, el asino» (el asno) o cogiendo tomates de la huerta para desayunar fardando de que no los lavan antes de comerlos «porque no hace falta»; americanos enamorados de Europa, del vino y de la comida; orientales silenciosos; parejitas amorosas; parejas de amigas; senderistas con GPS…

…Y para Diana (la perra), para Propria (la gata jefa), para Lucio (el asno), para Luigi… todos somos merecedores del mismo trato. Esto es algo sorprendente. Por los comentarios del resto de viajeros en AirBnB y lo que pudimos conversar con los que coincidimos allí, todos estamos de acuerdo en que allí te sientes el viajero más especial del mundo, como si fueras el primero que reciben, como si fueras el último que van a recibir.

 

Desde primera hora de la mañana hay a nuestra disposición huevos frescos de las gallinas, una alacena llena de mermeladas caseras, aceite de la familia de Luigi, pan, dulces, tomates que huelen a tomates, albaricoques, limones, cestas llenas de cebollitas, calabacines gigantes, berenjenas… café, ese maravilloso café italiano para tomarlo a palo seco, sin leche y sin azúcar, ¡cuánto lo echo de menos!… y un «buongiorno!» de Luigi que ya está de vuelta de coger alcaparras, de dar de comer a los animales o de regar alguna parte del huerto…

amanecer en lipari - islas mediterraneo - Italia
Amanecer en Lipari desde el agroturismo Al Numero Zero

Cosa hai intenzione di fare oggi?

Si necesitas bajar o subir del pueblo, si te hace falta compra para la cena, Luigi siempre está disponible, te avisa cuando se va por si necesitas algo, te pregunta todos los días qué tienes pensado hacer para ver si te puede dar un consejo de «local» y que no te pase nada de «típico turista». Nosotros queríamos recorrer la isla y tuvimos la enorme suerte de que nos prestara su Fiat Panda (bueno, el de un colega).

Nos gusta cocinar, ir a los mercados o a los puestos callejeros, meternos por caminales, perdernos, preguntar, dejarnos llevar por intuiciones… y el Panda fue nuestro mejor aliado sin ninguna duda. El viaje no hubiera sido lo mismo sin esa mágica sensación de libertad que nos proporcionaba ir con el Panda de los ochenta, el no cerrarlo nunca porque las ventanillas ya hace mucho que NO suben, esa naturalidad y esa seguridad que te invade cuando te despojas de todos los postureos de ciudad. Lipari engancha por muchas cosas, ¡por todo! diría yo, pero si tuviera que destacar algo es la ausencia de postureo.

Lipari es un sitio extraordinariamente normal, un paraíso por descubrir, una excepción turística con regusto a pasado del bueno. Un lugar donde, si te dejas, el tiempo reajusta su ritmo y empiezas a oler más, a escuchar más, a ver más…

“Yo sentí cómo mirando al mar se me alargaban las venas
y me crecían raíces rebuscando en la tierra volcánica,
yo sentí que bebían el agua de lluvia traída del oeste…;
estaba despierta y consciente cuando quedé amarrada para siempre,
así, físicamente, a aquel sitio;
como si hubiera vivido allí mil infancias,
como si allí hubiera enterrado a mis muertos,
como si en sus callejuelas hubieran sangrado mis rodillas de niña cada verano.” 

Si vas a Lipari alquila en la isla un coche o una moto porque cada rincón merece la pena. Nosotros estuvimos 6 días y se nos quedó corto, bueno, allí había gente que hacía una isla por día pero esa no es mi forma de viajar, de hecho todo el mundo se extrañaba de que no nos volviéramos locos a coger excursiones al resto de islas, como si tuviéramos que conseguir esos puntos que comentábamos antes… no, nos quedamos a descubrir Lipari prometiendo volver algún día a ver el resto como se merece.

Mapa de las Islas Eolias - lipari salina stromboli - italia

Rincones de Lipari

Estuvimos en el Norte en la playa de Aquacalda. Preciosa, en pleno mes de julio (como en toda la isla) éramos cuatro gatos. Lo mejor, el sinuoso camino por la costa viendo al fondo el resto de las islas del archipiélago.

Playa de Canneto. Repetimos varias veces porque es la playa inmediatamente después de Lipari, muy accesible, aparcas ahí mismo y tienes una tiendecita y bares para comprar un aperitivo. El agua cristalina y el pueblecito que la envuelve, como se ve en la foto, con ninguna casa de más de dos alturas. Las señoras regando las entradas de las casitas, un repartidor de melones que se para a hablar con todos, un heladero en motorino, pescado fresco, tumbonas… y lo más flipante para un español, una montaña que la delimita sin NINGUNA construcción.

Playa de Canneto - Lipari - islas eolias - italia
Playa de Canneto – Lipari – Islas Eolias – a la izquierda apenas unas casitas – a la derecha una montaña virgen ¡en primera línea!

Nuestra favorita – Praia Ferrante

Gracias a las indicaciones de Luigi pudimos descubrir esta maravilla que no sale casi en ningún mapa ni en ninguna guía. ¿Alguna vez te has bañado en agua mineral? Pues yo sí. Aquí (bueno, y en el río de Montanejos antes de que lo cagaran echando grava). Sin gafas de bucear se podían ver decenas de tipos de peces de colores, erizos, corales, rocas volcánicas, piedras brillantes…

Como está en la costa sur y resguardada del viento es una apuesta segura. Un pescador, una familia italiana y nosotros. Eso sí, un poco más allá, mar adentro, el horroroso yate de un ruso (para nosotros todos los yates grandes y horteras son de rusos) que por suerte estaba quieto y calladito.

Para llegar hay que dejar el coche y comenzar a andar por un camino que poco a poco va desapareciendo hasta convertirse en un minisendero que casi hay que adivinar, unos 20 minutos de bajada y ¡de subida! pero merece la pena. Me sentí una privilegiada de poder disfrutar de un sitio tan auténtico en petit comité.

Gastronomía en Lipari

Las vacaciones para ser vacaciones y no un simple viaje tienen que tener un componente fundamental: buena comida (barata no voy a decir porque si es muy buena, se paga con gusto) y si vas a Italia… pues ya se sabe… kilos de vuelta garantizados, ¡gloria!… pero es que dentro de Italia… está Sicilia… la comida siciliana y eoliana, ¿he dicho gloria?, ¡pues gloria bendita madre mía del amor hermoso!…

Como en todas partes, uno no puede meterse en el primer sitio que ve, pero como nosotros teníamos a Luigi para desvelarnos todos los secretos, pudimos comprarle pescado fresco directo de su carromato en el mismo puerto a Maurizio para cocinarlo en casa con las cebollitas y berenjenas del huerto. Ni siquiera en una lonja, los pescadores tienen motocarros que son pescaderías improvisadas, con sus cajas de hielo, con lo que hoy ha tenido a bien darles el mar, poco y bueno. (También es que si viajas con Alberto, mi pareja, llevas el restaurante puesto).

Otra de las recomendaciones que seguimos fue la de ir al Caffè La Vela una terraza preciosa en primera linea de La Marina Corta, el puertecito antiguo, pequeño, bullicioso al caer el sol y encantador donde las barquitas suben hasta el centro de la plaza. En La Vela son amabilísimos, tienen calidad y variedad (desde pescado fresco del día hasta pizzas) los platos son generosos, frescos, hechos con buen gusto, caseros y a un precio razonable. Nos quedamos a cuadros cuando con el bar lleno, en pleno mundial de fútbol, pedimos dos cervezas grandes (casi como pintas) y nos sacaron la bandeja de tortas, pizzas y/o cocas caseras que veis abajo ¡deliciosas!… nos fuimos a casa cenados ¡claro! Las cervezas enormes y frías a 5€ más baratas que he pagado. Volvimos varios días a seguir probando todo tipo de platos, a cada cual, mejor.

Galería, curiosidades, otros…

Y como veo que no acabaría nunca…

Lipari es ese sitio donde la gente todavía deja los coches abiertos y las llaves puestas en las motos, donde un señor lleva a su perro en la escúter, donde puedes ver a 3 sin casco, donde apenas hay semáforos y las plantas bajas de las casas están abiertas y delimitadas por macetas llenas de flores…

Hasta muy pronto Lipari… ¡Gracias Luis! Sabes que nosotros SÍ que volveremos



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