Sin música la vida sería un error

Sin música la vida sería un error
Cuánta belleza se puede acumular en un segundo, cuánta pasión puede haber en un silencio, cuánta vida siente una dentro cuando siente tanto junto…

Una de las cosas que más me sorprendió de mi hijo cuando tenía solo unos meses y empezó a hacer caso a lo que tenía alrededor fue la capacidad para pillar al vuelo cualquier estímulo musical. Nadie le había enseñado a bailar y de una forma intuitiva, innata, cada vez que escuchaba una canción sonreía y se movía. Ahora no tiene cuatro años y es un loco de las melodías, vengan de donde vengan, del estilo que sean: anuncios en la tele, los famosos Cantajuegos, el “Singing in the rain”…Cuando lo observo percibo que es algo genético, ancestral.

Raquel Marí lleva muchos años como profesora de música de niños (de adultos también) y me habla de las maravillas de la educación musical: aumenta la capacidad de concentración, de disciplina, la sensibilidad, el desarrollo intelectual, el auditivo, el sensorial… Estimula la expresión rítmica, la psicomotricidad… Y lo más importante para los pequeños, me comenta, es que es una fuente de diversión. Está enamorada de su profesión. Emana música y enseñanza en la misma proporción y por eso no ha parado hasta abrir su preciosa academia Adsuar. Además, como es una loca de las nuevas tecnologías, ha apostado por la innovación y la vanguardia y ha parido una academia moderna, a la altura de la nueva generación de nativos tecnológicos.

Publicado en la revista Guia Me Dénia
(Artículo publicado en la Revista GuiaMe Dénia)

Esta misma semana fui al IVAM en Valencia a un concierto de Jazz de la Big Band que ha creado el propio museo con alumnos aventajados del conservatorio y además de pasarme todo el concierto con la carne de gallina (sin tener ni idea de Jazz) pensaba en cuánta belleza se puede acumular en un segundo, cuánta pasión puede haber en un silencio, cuánta vida siente una dentro cuando siente tanto junto… dicen que la música es al alma lo que la gimnasia al cuerpo y así lo sentí, cuando terminó el concierto me sentí más libre, más joven, más feliz, más llena… y pensé en lo que me gustaría que a mi hijo le diera por tocar un instrumento. ¿le diera por tocar…? Planteamiento erróneo por mi parte.

Podemos y debemos educar no solo en los conocimientos científicos o literarios sino que, los padres, tenemos la responsabilidad de acercar a nuestros hijos el gusto por las artes llevándoles a exposiciones, enseñándoles a disfrutar del teatro, leyéndoles cuentos y como no, acercándoles a la música. Está muy bien que aprendan inglés y que jueguen al tenis como Nadal pero la inteligencia emocional, la educación de la sensibilidad, la creatividad es lo que nos hace libres, diferentes y más felices.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *