Minerva Portillo: el camaleón blanco

Minerva Portillo: el camaleón blanco (publicado en el Diario Levante en 2001)
Minerva Portillo
Minerva Portillo

En un momento en el que el mundo de las modelos nos tenía sumidos en un profundo hastío estilístico, cuando todas las portadas se repetían con los mismos tonos capilares de castaños discretos y melenas de adolescente despeinada, cuando la única innovación del año dentro del “modeleo” ha sido el romántico corte de pelo de Martina Klein… llega, para llenar las portadas de personalidad, la valenciana Minerva Portillo.

Con su nombramiento como mejor “modelo revelación 2002” en la pasarela Gaudí, se intuye un giro en la esfera de la moda hacia un estilo que reivindica los 80 como fuente de inspiración: vuelve la estética punk, los pelos teñidos de colores imposibles, el maquillaje sin miedo al exceso y las chicas duras y atrevidas. Después de transitar, como todo el resto de modelos, por los diferentes estilos de niña discreta y comercial, Minerva arrolla con un look creado por el estilista francés Christophe Robin que nos evoca aquellas portadasglam” de viejos vinilos como los de David Bowie o los distinguidos Adam And The Ants. Dos dedos de raya negra sirven de base a un pelo de un blanco fingido, innatural, desfilado hasta la rotura, que envuelve su cara de niña (son 19 añitos) un poco perversa (por lo ya vivido), de labios descarados y ojos firmes.

Minerva nos mira desde las portadas de las mejores revistas como el clásico y exigente Vogue italiano; la revista Marie Claire dice de ella que “va a ser la gran top model española de los próximos tiempos”; en la web “supermodels”, donde los internautas votan las modelos del mes, observamos como la generación de Minerva  llega para tomar el relevo a las top de los 90, así, esta jovencita está situada por encima de Esther Cañadas, Fernanda Tavares, Gisele Bunchen e incluso Madeleine Hjort y considerada a la altura de Diana Meznaros o Laetitia Casta. Cuando salimos a la calle, su camaleónica imagen, nos aborda desde los escaparates de firmas como Woman Secret, Max Mara, Cacharel o Alberta Ferreti, teniendo la sutileza de parecer sencilla y elegante en unas, y una descarada estrella del pop en otras. Es de ese tipo de modelos que se adaptan a la personalidad de la marca y la engrandecen, y no hacen que la marca se convierta en un mero complemento de una cara conocida.

Minerva, como todas las grandes profesionales de la moda, vive ahora a caballo entre París, Milán y Nueva York, pero eso no la convierte en otra jovencita más, triste y desarraigada, no, porque se apunta al carro de las modelos y las mises que confiesan con orgullo tener novio y quererlo a morir, es más, no hay entrevista en la que no nombre que gracias a que va con su compañero a todas partes, disfruta un poco más del trajín de trabajar cada semana en una ciudad distinta. Cuando le preguntan sobres sus gustos personales cuenta con toda ternura que su restaurante favorito es “Indochine” en Nueva York porque allí celebró su primer aniversario en pareja. Y aunque está claro que una modelo no tiene porqué ser humana, al final da la sensación de que la cámara es más verdad que la realidad misma y que todo el maquillaje y toda la alta costura no pueden ocultar la seguridad y la valentía con que esta jóven está llevando su carrera. El trabajo la ha llevado a lo más alto y la coherencia la va a mantener allí arriba, no es difícil vaticinar el 2003 como el año del camaleón blanco.

Artículo publicado en el Diario Levante EMV (Valencia) en 2002

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