Los Reyes de la Crisis: otra Navidad es posible

Ahora que estamos metidos en plena vorágine consumista, aunque no nos lo creamos hay pequeños gestos para que “otra” navidad sea posible. Los cambios pequeños de hábitos o costumbres, y predicar con el ejemplo son recetas sencillas

Ahora que estamos metidos en plena vorágine consumista, aunque no nos lo creamos hay pequeños gestos para que “otra” navidad sea posible.

Dar, recibir y viceversa: dale la vuelta a la navidad consumista y enseña a los niños desde pequeños que la navidad es una fiesta solidaria y que ellos son afortunados porque reciben regalos (mejor uno o dos que diez) y por eso también deben regalar o donar sus juguetes “viejos” a otros niños que tienen menos. Hay que saber deshacerse de las cosas para que otros les puedan dar una segunda vida y ya verás como lo de dar, vuelve, y te produce una sonrisilla tonta de satisfacción que te reconforta y te calienta el corazón en pleno invierno.

Los cambios pequeños de hábitos o costumbres, y predicar con el ejemplo son recetas sencillas. Podemos decir a nuestros familiares claramente que no necesitamos regalos inútiles, al fin y al cabo para ellos es como cuando nos invitan a una boda: un compromiso y un fastidio. A ti no te gusta lo que te regalan y a ellos les ha supuesto un quebradero de cabeza y un dineral hacerlo, por qué no empezar a romper un poco ese círculo con otro tipo de ideas. Tengo un amigo que todos los años pone una hucha en casa y dice que el que no pueda resistirse a regalar que meta el dinero en un sobre y en la hucha: después de las navidades él lleva ese dinero a una ONG de su confianza.

Hagamos regalos en grupo y a menos gente: todos juntos a los abuelos o a los sobrinos y aplicar dentro de las familias grandes aquello del amigo invisible o algo parecido.

Hay regalos más útiles que otros. Si no sabes qué comprar, antes que un regalo inútil, puedes adquirir un cheque regalo y así la persona que lo recibe lo puede aprovechar en algo que realmente le haga falta, en comprar algo a una persona a la que le haga ilusión (a las madres nos encanta comprar algo a nuestros hijos), o mucho mejor, guardarlo hasta las rebajas donde ese dinero multiplica su valor en cuanto a cantidad de  cosas que se pueden comprar.

Hacer “otros” regalos también para adultos: ¿qué tal unas horas de canguro para tu hermana? Bien pagando o hechas por ti; o unas entradas para el teatro (hay espectáculos muy buenos por 20 o 25 euros que es lo mismo que cuesta una horrible corbata o la mitad de lo que cuesta un bote de colonia que no nos guste); o un regalo que me encantaría recibir: un ticket para una sesión de masaje.

Abogar por los juguetes educativos, simples o clásicos: y aquí me viene la pregunta ¿pero cuáles son educativos? Desde luego no los que el El Corte Inglés muestra en su sección de “juguetes educativos” donde hay cualquier cosa que tenga botones (tipo ordenador) aunque sea, por ejemplo, violento. No se trata de moralizar todo el tiempo pero todos sabemos qué cosas pueden potenciar no solo la inteligencia sino también la imaginación y la sensibilidad de los peques: juegos simples donde el niño tenga que aportar mucho de sí mismo, juegos en los que nosotros podamos participar con ellos, juegos artísticos (música, dibujo, cuentos…) y no olvidar que como me dijo una amiga mamá de 3 hijos: “Arantxa, a ver cuando se enteran los de las jugueteras de que los juguetes no molan”. Efectivamente, “mola” mucho más, y aquí hablo por experiencia, una caja envuelta con un papel de colores que haga mucho ruido, un tubo de rollo de cocina o un palo de escoba… no estoy hablando de regalar a un niño en navidad un palo de escoba pero sí invito a que nos fijemos en lo que les gusta realmente y no perdamos el norte a la hora de comprar y comprar, ellos siempre van a pedir “todo” pero nosotros somos los adultos y tenemos que enseñarles a consumir, enseñarles a ver la tele, enseñarles a expresar sus sentimientos, no todo es que aprendan inglés y chino antes de los diez años o sean unos cracks del tenis.

Y por último, compra en empresas de comercio tradicional, de productos de tu zona. A mí me gusta pensar en consumir productos en círculos concéntricos al lugar donde vivo, es decir, primero cosas de Dénia (naranjas, gamba, tiendas de mis amigas…), después de la Marina Alta (miel de Jalón, mistela, artesanía en mimbre…), luego de la Comunidad Valenciana, después cosas españolas (como el maravilloso aceite ecológico) o incluso cosas europeas… lo de China, queridos amigos, me queda muy lejos.

(Artículo publicado en la Revista GuiaMe Dénia)

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