El sueño de Ibiza

Ibiza me engancha por las calas, por el mar, por las inolvidables (y digo inolvidables) fiestas y por esa luz blanca que te traspasa el corazón, cuando llegas en ferry al atardecer y todo tiene un tono de alegre melancolía, de paz y de gusto a pueblo. Y como en un pueblo, todo el mundo en Ibiza es un personaje importante, o por lo menos cree serlo...
Ibiza y Formentera
Ibiza y Formentera

El otro día vi en una cartelera una peli que se llamaba “El sueño de Ibiza” o algo así y pensé en qué es lo que lleva a toda la gente que va a Ibiza a quedarse como hipnotizado, como envuelto por La Isla, y como Ulises pero sin sirenas ya no pueden dejar de asistir año tras año a ese rito estival. Encontré la respuesta bien cerca porque estoy entre ese numerosísimo grupo de valencianos-isla-adictos.

Ibiza me engancha por las calas, por el mar, por las inolvidables (y digo inolvidables) fiestas y por esa luz blanca que te traspasa el corazón, cuando llegas en ferry al atardecer y todo tiene un tono de alegre melancolía, de paz y de gusto a pueblo. Y como en un pueblo, todo el mundo en Ibiza es un personaje importante, o por lo menos cree serlo. Me encanta cuando voy por la calle y oigo hablar en cinco idiomas distintos, cuando subo al Dome por la noche y veo a mis maricas, guapísimos, esculturales, tomando la calle y, en la mesa de al lado o paseando, una familia de Albacete al completo. Se me cae la baba en las playas, con todos esos cuerpazos, piercings, rastas y silicona y me llena de optimismo ver que convive con chicas que pasan de los 65 kilos en tanga, sin ningún complejo, con nudistas, con jubilados, o con algún despistado vestido de negro, con las gafas de sol tatuadas que, buscando un after, ha acabado pidiendo un papel bajo un sol de justicia.

En Ibiza todo vale y nadie te juzga por lo que aparentes o hagas y eso, hace que la gente transmita libertad. Entre mis amigos hay una frase que me da buen rollo: “esto, para Ibiza” mientras me enseñan lo más extravagante que han encontrado en el mercado y que jamás se atreverían a ponerse aquí. Es pisar la isla y automáticamente, se acortan las faldas, desaparecen los sujetadores, los chicos sacan los pareos que se han comprado en secreto en su ciudad de provincias y …, y todo es bonito, muy bonito. Todo tiene una mezcla entre sencillez y espectacularidad, entre naturalidad y sofisticación, un equilibrio que te renueva y te purifica… ¿qué si me gusta Ibiza? Se me hace un nudo en la garganta mientras escribo estas líneas y pienso que no podré participar este verano de ese sueño que es Ibiza.

(artículo publicado en el 2000 en Magazine Musicchannel, primeros pinitos, no me avergüenzo)

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