Chocolate

El chocolate tiene algo de ancestral y mágico, de jefe de lo tradicional, es entrañable y acogedor, es íntimo y afectuoso, es básico y sofisticado a la vez. Lo tomamos desde la más tierna infancia hasta que nos lo prohiben y yo personalmente, no conozco a nadie a quien no le guste

Si una vez os escribí en esta misma publicación sobre las enormes sensaciones que me producía la apertura de las primeras heladerías al comienzo de la primavera, no me quiero, ni puedo olvidar lo que me sugieren los primeros chocolates del otoño.

Tarde de noviembre, de humedad y viento norte, camino rápido ya de noche aunque apenas son las seis, dicen que esto del cambio de hora es bueno pero a mí me sigue deprimiendo y me convierte en una perezosa que solo piensa en la mantita y el sofá… menos mal que al dejar la calle del Mar y entrar en la zona peatonal de Dénia noto cierto alivio en los huesos… y de repente… ummm, ese olor… ese olor a hojas en el suelo y nubes negras, ese olor a casi navidad, a cuento junto al fuego, a merienda en familia, a cosas llenas de nostalgia… a irresistible chocolate caliente…

Chocolate calienteEl chocolate tiene algo de ancestral y mágico, de jefe de lo tradicional, es entrañable y acogedor, es íntimo y afectuoso, es básico y sofisticado a la vez. Lo tomamos desde la más tierna infancia hasta que nos lo prohiben y yo personalmente, no conozco a nadie a quien no le guste. Es un antidepresivo natural, considerado alimento afrodisíaco, rico en vitaminas D y E, y tantas otras cosas más, todas buenas… pero sobre todo el chocolate, ¡es chocolate!. Y podréis decirme que no digo nada o que estoy diciendo una obviedad pero paraos a pensar en momentos de vuestra vida junto al chocolate: los sandwiches de Nocilla de los cumpleaños, las chocolatás callejeras en fiestas, los Phoskitos cuando te portabas bien, las bombas en los recreos del instituto, los bombones de esa caja que le regalaron a tu madre y que tu madre nunca probó porque no llegó a tiempo, el dedo negro hasta arriba cortándote con el borde del bote de Nutella (o algunos profesionales como yo, tirando directamente de cuchara)… pero no hay nada más cálido y más acogedor que un chocolate espesito y caliente una tarde de invierno. He dicho que no hay nada… ¿qué?… miento. Me acerco a una preciosa vitrina donde pone “El rincón de la abuela” y salivo al ver aquel festival de pequeñas joyitas dulces: tartitas de chocolate, tortas de almendra, magdalenas… pequeñas delicias de recetas de toda la vida… no sé qué escoger… pienso: quizá otro día porque con el chocolate lo suyo son unos churros pero… ¡por Dios! ¿Qué acaban de sacar a los de la mesa de al lado? No puede ser, son buñuelos… elección hecha.. hace casi un año que no me como un buñuelo… “perdona, ponme también tres buñuelitos por favor”… vuelvo a salivar…

Aquí estoy, con las manos calentitas alrededor de mi taza, reponiendo fuerzas y sueños, en el Racó del Carrer Loreto, mojando un esponjoso buñuelo en un chocolate humeante, mi hijo juega en la calle con otros niños, recordando cuando mi madre nos llevaba a merendar a todos los hermanos juntos… Saco mi libretita y apunto para que no se me olvide en mi lista de “pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena”: merendar chocolate caliente en invierno, a poder ser en una calle peatonal, no olvidar: olerlo mucho mientras coge temperatura de bebible y moverlo para que no se le haga costra. Empezar a pequeños sorbos con la cuchara, después mojar churros o buñuelos hasta terminar sorbiendo de la taza y con bigote de chocolate.

El Racó del Carrer Loreto está en la Calle peatonal Loreto (muy cerca del ayuntamiento). Dénia. Alicante

Artículo para la revista GuiaMe Dénia

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