Bigornia, buena música, buena gente… y mucha cerveza

Bigornia es uno de esos bares imprescindibles del Barrio de El Carmen de Valencia donde todavía se puede escuchar música en directo y gratis. Centro de reunión de músicos alucinantes que van a disfrutar y a hacer disfrutar. Un bar auténtico, sin postureo alguno. Buenos conciertos. Buena gente... y mucha cerveza. Los miércoles, Jam Session de Jazz. Los domingos de funky.

Nota posterior: como tantos otros sitios míticos del Barrio del Carmen, Bigornia cerró sus puertas un 31 de julio de 2016. Que este articulillo quede como recuerdo de lo que fue para todos nosotros.

Bigornia es uno de esos bares imprescindibles del Barrio de El Carmen de Valencia donde todavía se puede escuchar música en directo y gratis. Centro de reunión de músicos alucinantes que van a disfrutar y a hacer disfrutar.

Un bar auténtico, sin postureo alguno. Buenos conciertos. Buena gente… y mucha cerveza.

Los miércoles, Jam Session de Jazz. Los domingos de funky.

Pásate a leer los comentarios de la gente que pasa por allí: https://www.facebook.com/Bigornia-cafe-pub-484094934978534/reviews/

Si “el Bigor” (como lo llamamos muchos de los vecinos) estuviera en Nueva York o en Londres, la entrada a sus conciertos valdría cientos de dólares o de libras, la gente más “cool” haría cola para entrar y todos los españolitos que fuéramos de turistas nos haríamos un “selfie” en la puerta del bar junto al cartel. Pero, ¡vaya! qué pena para Pedro, Elea y Síbil (sus currantes propietarios), que podrían estar montados en el dólar, y qué suerte para los vecinos de este pueblo dentro de Valencia que se llama El Carmen, que lo disfrutamos.

El Bigornia es ese bar de la esquina donde no quedas con los amigos porque no hace falta, solo bajas y seguro que hay alguien, y si ese día no hay nadie o todavía van a tardar en bajar, te quedas charlando con Elea, arreglas el mundo con Pedro o le robas un cigarrito a Sibil que siempre dice sí cuando le pides.

Es ese bar donde tienen paciencia infinita con los niños del barrio, nuestros hijos llaman a sus dueños por su nombre y viceversa, donde puedes dejar unas llaves o un paquete para no sé quién que pasará luego preguntando por mí, donde hay ajedrez, juguetes, pinturas, libros para coger y comprar, exposiciones de ilustradores y fotógrafos del barrio, ropa de segunda mano, folletos, fancines, tablón de anuncios de intercambio de idiomas, máquina de tabaco, periódicos, aceitunas y kikos con cada cerveza y cada zumo, wi-fi, música en directo, paella en fiestas señaladas, unas empanadillas caseras que es para traficar con ellas de lo buenas que están, tortilla de madre, le mejor tarta de queso que me he comido en mi vida, buena cerveza, buen vino y cubatas de los de copazo de balón…

… y lo que más mérito tiene, que todo esto sucede sin un atisbo de postureo, ni moderneo, ni hipsterismo… la cofradía del Bigornia es absolutamente heterogénea, padres, madres, solteros, artistas, pijitos, jipis, jevis, ciudademos y podemistas, veinteañeros, treintañeros, cuarentones, cincuentones y esa edad indefinida de los viejos roqueros modernos y las señoras de buena familia que está entre los sesenta y la muerte. Nadie juzga, todos somos bigornianos, nadie molesta, todos colaboran, desde la terraza al sol del Bigornia la sociedad no parece tan complicada.

Además, gracias al buen rollo de sus dueños, por el Bigornia pasan los mejores músicos de Valencia, ¡gratis!, ahí hemos descubierto la trompeta de Voro Garcíaa Danilo nuestro batería favorito, a Ales Cesarini (colega reencontrado del instituto) y Mateo Rived llevándonos desde Chicago, New York o Nueva Orleans a Brasil con paradita en Jamaica, al mítico donde los haya Simon Campbell… ellas, Erin Corine (Marisol) que parecía salida del mismísimo Harlem y la dulzura en la nota perfecta de Mireia Vilar… cientos de músicos (a los que desde aquí pido perdón por no saber su nombre) que entran y salen del escenario con naturalidad y complicidad, compinches de sus colegas y de nosotros (ignorantes en música pero expertos en disfrute), gente desconocida que ya son como amigos que nos regalan su magia, que nos sacan de la rutina y de los asqueos del curro, con los que hemos disfrutado en las Jam Sessions de Jazz de los miércoles, en la Bossa Nova de los sábados, en los conciertos de Reggae y las Funky Time Sessions de los domingos… a todos ellos ¡GRACIAS!.

Yo no sé nada de música, ni de llevar un bar en tiempos de crisis, pero tengo este blog y un cariño enorme a todas estas personas que me aportan tanto bueno (sin pedir nada) a los que debía y quería darles las gracias públicamente. GRACIAS SEÑORES MÚSICOS, GRACIAS PEDRO, GRACIAS ELEA, GRACIAS SIBIL Y ¡LARGA VIDA AL BIGORNIA! Y A LOS BIGORNIAS DEL MUNDO.

Quería darles las gracias y lo he hecho pero antes de despedirme quiero ser reivindicativa y dar una colleja a los que vivimos en Valencia (la ciudad con más músicos por metro cuadrado de España) pero llenamos un Starbucks de mierda (con perdón) y dejamos apagarse a los Bigornias de nuestros barrios, los que nos quejamos de que a Valencia no traen conciertos guays PERO no saben quién es Voro, a los que si se les pide 1€ de colaboración con los artistas se van al baño o a fumar fuera… Sin nuestra asistencia, nuestros ánimos, nuestra difusión boca-oreja, nuestra recomendación a un turista, sin nuestra implicación como público, como consumidores y como evangelistas todas las cosas auténticas y únicas de Valencia irán desapareciendo… y después no vayamos de modernos, señores. 

Nos vemos en los bares. 

 

BIGORNIA está en la Calle Museo esquina con la calle donde plantan la falla de Na Jordana, calle Salvador Giner.

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Pero vamos, que lo mejor es que sueltes el móvil o apagues el ordenador y te vengas a hacerte una cervecita al barrio.